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VENTA DIRECTA DE PRODUCTOS CASEROS

Ballard_Farmers'_Market_-_vegetablesDesde siempre la venta en ferias y mercados de productos agrícolas contribuyó a la economía de muchas familias. Pero tras el abandono del campo hacía el modelo urbano, las pequeñas explotaciones de baja producción fueron abandonadas, ya que solo resultaba rentable la producción intensificada para lograr abastecer las ciudades, encareciendo el producto y aumentando el número de intermediarios, lo que repercutía en un reducido beneficio para el agricultor.

¿Esta situación puede cambiar?

Desde el pasado martes, 30 de septiembre de 2014, ya se pueden vender, de forma legal, productos primarios desde las explotaciones a la persona consumidora final, es decir, se trata de un decreto que permite vender legalmente los ricos productos de casa de forma directa, sin intermediarios.

¿Y cuál es el beneficio? Os preguntareis. Las explotaciones consideradas pequeñas contribuyen positivamente a la generación de empleo agrario y a la fijación de la población en el medio rural. Sencillamente se trata de una muy buena oportunidad de negocio, que muchos pueden aprovechar para contribuir a la economía familiar. Antes era imposible, prácticamente, vender productos primarios (huevos, miel, frutas, hortalizas, setas,…) sin tener al día toda una serie de documentación legal, ahora, no es ni siquiera necesario tener el registro sanitario. Eso sí, hay que seguir una serie de pautas para asegurar una buena higiene y calidad del producto.

En primer lugar para poder realizar la venta directa, la explotación tiene que estar inscrita en un registro de explotaciones acogidas al régimen de venta directa (SEVEDI). Una vez hecho esto, hay que garantizar la sanidad y la inocuidad de los productos vendidos, para ello se debe hacer un seguimiento y llevar un registro básico del producto vendido, cantidad, fecha de venta y lugar de venta. Por ser más técnicos, sería llevar una sencilla trazabilidad del producto vendido.

Una cosa que si hay que tener clara, es que no podemos vender todo lo que queramos en la cantidad que queramos. Existen unos límites. Por ejemplo, solo se pueden vender 1.000 docenas de huevos al año, 3.000 kg de miel o 20.000 kg de hortalizas de cultivo exterior, entre otros.

Y ¿En dónde se puede vender? En la propia explotación, en mercados o en establecimientos de venta al por menor. Eso sí, para asegurar la confianza del consumidor, es obligatorio que todos los productos, principalmente los envasados, lleven una etiqueta simple con toda la información. Si se realiza la venta en establecimientos al por menor de producto. Por ejemplo a granel, se puede sustituir la etiqueta por un documento comercial en el que figure toda la información igualmente. Como excepción, cuando la venta se realiza en la explotación el etiquetado se puede sustituir por información oral del productor al consumidor.

Como podéis ver, son muchas las ventajas que ofrece la venta directa, principalmente porque repercute de forma positiva sobre el agricultor, en cuanto al beneficio que obtiene por la venta del producto sin intermediarios.

Entre los productos que se benefician de esta orden, encontramos:

Ahora ya lo sabéis, aprovechad la oportunidad. Si contáis con una pequeña explotación familiar o tenéis pensado iniciar una desde cero, contad con nosotros, disponemos de multitud de cursos de formación (apicultura ecológica, agricultura ecológica, avicultura de puesta en ecológico, horticultura ecológica, castañicultura ecológica, etc.) sobre todas las especialidades de producción. Con una buena base formativa, vuestro empeño y las facilidades que ofrece la venta directa, tenéis el éxito asegurado.

LLEGÓ EL OTOÑO Y CON ÉL LAS CASTAÑAS

DSC_1110Septiembre ya se está acabando y cada vez más el otoño se hace notar. El suelo se cubre con un manto de hojas de colores rojizos, dorados y tostados, el clima se vuelve más templado y los días de acortan.

Son muchos los refranes ligados a esta estación, pero cabe destacar uno, teniendo en cuenta el presente post: Castañas en cocción, en otoño e invierno, buena alimentación”. No hay más que echar la vista atrás y ver que hubo un tiempo en el que las castañas eran la principal fuente de alimentación durante el otoño y el invierno.

Es un producto de gran calidad alimentaria, ya que es una fuente importante de hidratos de carbono, potasio y vitamina B. Eso sí, hay que tener en cuenta que según sea el tipo de preparación, puede perder algunas de sus propiedades. La mejor forma de ingerirlas es de forma cruda.

Se trataba de una época en la que la recogida de la castaña era motivo de fiesta, como un acto de gran importancia social dentro del pueblo. Hoy en día la recogida de la castaña supone para muchas familias, un ingreso extraordinario.

La recolección empieza normalmente a finales de septiembre o a principios de octubre, y puede largarse desde un mes hasta 3 meses aproximadamente, dependiendo de las distintas variedades de castañas y de la zona geográfica en la que nos encontremos.

Hasta el día de hoy, generalmente, la recolección de la castaña se realizaba de forma manual. La castaña una vez madura cae al suelo junto con el erizo, que tras golpearse contra el suelo, la castaña sale despedida fuera del mismo, aunque no siempre. Para la recolección manual se utilizan guantes para evitar pincharse con las púas de los erizos.

Para la recogida de la castaña se suelen utilizar cestas de madera o mimbre o en sacos de malla, para favorecer la aireación y evitar su pudrición, permitiendo una mejor conservación posteriormente en un lugar seco y fresco.

Las primeras en caer no siempre son las mejores, ya que en muchos casos, las primeras en caer son las que están parasitadas por insectos, siendo los causantes de la caída. A la hora de la recolección, al ser manual, podemos realizar una mejor selección cogiendo aquellas más sanas.

Otra opción muy usada en zonas de pendiente es la recolección mediante redes. Se trata de una recolección manual pero con ayuda de redes. Se colocan redes sujetas a los árboles o a estacas un poco más de 1 m, evitando que la castaña toque el suelo lo que mejora su conservación posterior. Otra opción es la doble red, con dos calibres distintos, la primera un poco más grande y la de abajo más pequeña lo que permite que los erizos y las hojas queden en la parte de arriba y la castaña caiga a la segunda red, facilitando su recogida. O bien una simple red estirada en el suelo.

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Por último, y como novedad, la recolección mecanizada. La tecnología en el campo avanza rápidamente, y en el caso de la castaña u otros frutos secos, se está avanzado en lo referente a la recogida de los mismos. Las máquinas existentes hasta ahora aún presentan ciertas limitaciones, principalmente derivadas del terreno de trabajo. Necesitan que la superficie esté limpia y casi sin pendiente, lo cual supone un inconveniente en la mayoría de los casos.

Las máquinas utilizadas hasta el momento son adaptaciones de máquinas pensadas para la recolección de otros tipos de frutos como son la nuez y la avellana. En el caso de la castaña hay que añadirle algunas modificaciones que permitan la separación de la castaña de los erizos, hojas y otros elementos presentes en el suelo. El sistema utilizado actualmente se basa en dos técnicas diferentes: la aspiración y el barrido. Consiste básicamente en una máquina que actúa como una potente aspiradora que va aspirando y barriendo con rodillos rotatorios.

Hay otras opciones, como una máquina tipo mochila que permite también recoger las castañas por aspiración.

Otra opción, son las máquinas enganchas al tractor, que disponen generalmente de dos grandes tubos de aspiración manejados cada uno por una persona.

maquina1.1En definitiva, lo importante es realizar la recolección lo más rápido posible, sea de forma manual o mecanizada, para evitar que las castañas estén mucho tiempo en el suelo facilitando su conservación.

UNA CONFITURA DIFERENTE

Pimientos

 

 

¡Quién dijo que las confituras solo se podían realizar con frutas!

Continuando con la entrada en el blog de la semana pasada ¡Lo tenemos en el bote!, hoy veremos cómo hacer una conserva muy original y sencilla que dará gusto a nuestros platos del día a día: Confitura del pimientos.

 

INGREDIENTES

  • 3 pimientos verdes
  • 3 pimientos rojos
  • 3 pimientos amarillos
  • 1 cebolla
  • 3 dientes de ajo
  • 10 hojas de cardamomo
  • 3 cucharadas de vinagre de vino blanco
  • 3 cucharadas de azúcar moreno
  • 1 cucharada de tabasco
  • 4 cucharadas de aceite de oliva virgen
  • Pimienta negra
  • Sal

PREPARACIÓN

En primer lugar debemos pelar los pimientos, para evitar que la piel de un sabor y una textura desagradable a nuestra conserva; para ello untamos los pimientos con aceite y los asamos en el horno a 220°C durante 30 o 40 minutos (según sean los pimientos). Aunque en el listado de ingredientes aparecen tres tipos de pimientos, también se puede hacer con dos, o incluso con un tipo solo de pimiento.

Pasado el tiempo los retiramos del horno, los pelamos y cortamos en tiras y reservamos en un recipiente.

Por otro lado se pelan y cortan en rodajas finas la cebolla y los ajos (un poco machacados), además de picar finamente el cardamomo. Por un lado se fríe la cebolla hasta que esté tierna. Se retira del fuego y se añade a los pimientos anteriormente reservados.

Para realizar la base de la confitura, se diluye el azúcar en el vinagre; se agrega el ajo, el cardamomo, el tabasco y la pimienta y sazonamos con sal; se mezcla bien y se añade a los pimientos. Lo mejor es dejar reposar durante un par de horas la mezcla.

La mezcla anterior se introduce en frascos de cristal, se tapa herméticamente y se esteriliza a baño maría durante 30 o 40 minutos (según tamaño del bote).

¿Qué podemos hacer con esta confitura? Quedará ideal para acompañar tanto a pescados como a verduras.

¡Buen provecho! Espero que sea de vuestro gusto.

Nota: Las conservas es todo experimentar, simplemente hay que mantener unas normas de higiene y conocer perfectamente los métodos de conservación, para evitar riesgos para nuestra salud.

LO TENEMOS EN EL BOTE

IMG_2517Llega el verano y con él multitud de verduras de temporada: tomates, judías, pimientos, guisantes, calabacín, pepinillos, etc. ¡Y además a buen precio! Pero pasada esta época, volvemos a nuestra tienda habitual, y si queremos unos simples tomates para un sofrito, nos los encontramos de más baja calidad y a un precio demasiado elevado. Esto lo podemos solucionar si, con un poquito de tiempo y paciencia, hacemos conservas caseras con las verduras de temporada, llenando nuestra despensa de productos de calidad y de forma más económica.

Si disponemos de un huerto, mejor aún. Parte de nuestra producción, que fuimos cuidando con mimo, podemos conservarla, en su mayoría, durante un año.

Pero la pregunta clave es: ¿Cómo se hacen las conservas?

Esta pregunta es tan simple como complicada, ya que va a depender del sistema de conservación que elijamos y de los productos a conservar. Cada fruta o verdura tiene su método de conservación, aunque muchos los comparten, hay que tener sumo cuidado a la hora de embotar, ya que podemos poner en peligro nuestra salud si no se siguen las pautas correctamente.

A continuación os explicaré cuales son los criterios básicos a seguir:

  1. Elegir, seleccionar y preparar los productos a embotar. Este primer paso es esencial; debemos escoger la mejor fruta o verdura para que no existan problemas en su conservación posterior. Tienen que estar bien maduras y no tener hongos ni otras enfermedades o plagas.

Lavaremos todo concienzudamente con agua (evitaremos los acúmulos de tierra ya que pueden ser un foco de proliferación de parásitos).

Según el tipo de producto haremos una primera fase de preparación de los productos:

  • Pimientos: se pueden asar o freír, incluso escaldar para poder pelarlos con facilidad.
  • Tomates: se escaldan y se meten en un bol con hielo para facilitar su pelado.
  • Pepinillos: se frotan con un trapo de forma enérgica para eliminar las posible papilas más o menos agudas (unas espinitas simples o compuestas que posee en la superficie).
  • Etc.

En ocasiones habrá que cortar en trozos, lo más parecidos entre sí, para posteriormente introducirlos en el bote de forma ordenada evitando posibles bolsas de aire que puedan estropear nuestra conserva.

Una vez embotado todo, se acabarán de llenar con el denominado líquido de gobierno. Para los encurtidos suele ser una mezcla de agua y vinagre, o para los tomates al natural, simplemente von su propio jugo. Si lo que pretendemos es hacer una conserva dulce, se puede realizar una solución almibarada que actúa como conservante, ya que crea un medio anaeróbico (sin oxígeno) que impide el desarrollo de bacterias.

Otras conservas necesitan de una maceración previa, como por ejemplo los pimientos en vinagre (hay que dejarlos durante unos días sumergidos en aceite y vinagre y luego embotarlo con ese mismo líquido).

  1. Preparar los tarros. De poco importa tener una buena materia prima, si no prestamos atención a los botes. Deben estar perfectamente limpios, tanto el tarro como la tapa, y que cierren de forma hermética (que no se pasen de rosca). Para asegurarnos de que están en condiciones higiénicas adecuadas, lo ideal es esterilizarlos con agua hirviendo.

Una vez limpios y secos podemos llenarlos con nuestras frutas y verduras; eso sí, ¡Llenarlos lo que podáis para que no quede mucho aire dentro!

  1. Esterilizar las conservas. Para este paso lo mejor es optar por una olla a presión, pero no suelen ser muy grandes, por lo que nos llevará más tiempo realizar el proceso. Sea en una a presión o en una olla normal, introduciremos los botes hasta que queden totalmente sumergidos en el agua. Lo ideal es colocar trapos o utensilios de madera entre los botes para que al chocar entre ellos (por la ebullición del agua) no se rompan. También es aconsejable colocar una rejilla en el fondo de la olla, tanto de acero como de madera (como la de cocción a vapor) para evitar los golpes.
  2. ¡A la despensa! Una vez acabado el proceso de esterilización (de 30 a 50 min) esperamos a que temple un poco el agua (para no quemarnos), y sacamos los botes. Vamos mirando, uno a uno, si la tapa está bien cerrada y los dejaremos boca abajo encima de una superficie lisa y no muy fría, es decir, ¡directamente en la encimera no!, mejor sobre una tabla de madera.

Una vez fríos, los etiquetamos (fecha, contenido,…) y ¡A la despensa!

Espero que estos consejos os sean útiles para hacer vuestras propias conservas. Poco a poco iréis mejorando y descubriendo nuevas formas de conservar vuestros alimentos, y así siempre tener a mano todo lo que necesitéis, es decir, vuestra propia tienda en casa.

Si os interesa este tema, en nuestra tienda disponemos de un curso online de lo más apropiado: «Prepara tus conservas ecológicas«.