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EL ROMANESCO

Hoy osromanesko-3469_640 quiero hablar de una verdura de la temporada de invierno, un tanto peculiar. Se trata del Romanesco.

Se trata de una planta de la familia de las Brasicáceas (coliflor, brécol, rábanos, coles, berzas, etc.). Existen varias teorías de su origen, por un lado se cree que es un híbrido entre el brécol y la coliflor y por otro lado que simplemente es una variedad de coliflor verde procedente de Italia. Se estima que la primera vez donde apareció fue en el siglo XVI en dicho país.

En España se empezó a conocer a partir de los años 80, pero hoy en día su consumo todavía es muy escaso. Este ejemplar es una variedad típica de invierno y por tanto la mejor época para apreciar todas sus cualidades se sitúa justo ahora, entre los meses de noviembre y enero.

En primer lugar, lo más llamativo es su aspecto; parece salida de una película de ciencia ficción. Las inflorescencias se agrupan en ramilletes formando una estructura cónica, y aunque mucha gente así lo cree, no se trata de una planta transgénica (aunque lo parece).

Si hablamos de su calidad organoléptica, no tiene un sabor tan intenso como la coliflor ni tan suave como el brócoli, su textura es más harinosa y blanda, quizás más parecida a la coliflor. Combina muy bien con cualquier tipo de verdura e incluso con pastas, aunque la mejor forma de cocinarlo es al vapor, para que mantenga sus propiedades nutritivas.

Pero lo más importante de esta verdura es su calidad alimentaria. Como todas las especies de esta familia, es muy rica en vitamina C y k, fibra soluble, ácido fólico, carotenoides y minerales (potasio y fósforo), que potencian el sistema inmunológico, y además, es un complemento muy adecuado en nuestro menú diario en caso de dieta, ya que tiene un aporte calórico escaso.

En cuanto a sus propiedades, tenemos:

–        Ayuda a reducir el colesterol

–        Combate la hipertensión

–        Ligeramente diurética y depurativa de toxinas

–        Ayuda en caso de estreñimiento

–        Bueno para nuestro corazón

–        Ayuda a reducir la incidencia de ciertas enfermedades degenerativas

–        Anticancerígena. Presenta un componente particular, el sulfurofano, que tiene propiedades anticancerígenas y es capaz de matar la helicobacter pylori, la bacteria responsable de las úlceras y del temido cáncer de estómago. Es muy recomendable dejar cortado el romanesco durante unos minutos antes de cocinarlo, para que se lleven a cabo ciertas reacciones enzimáticas que también tienen cierto efecto anticancerígeno.

El compuesto azufrado que presenta el romanesco, es el responsable del fuerte olor que desprende al cocerlo. Si a esto le sumamos el alto contenido en fibra, ya tenemos los responsables de que este tipo de verduras tengan una mala digestión y provoquen flatulencias. Sin embargo, el romanesco es el que mejor se digiere con respecto al resto de las brasicáceas.

Un consejillo culinario: si se cuece con comino o hinojo resulta más digestivo.

Ahora solo queda probarlo. Animaros! Seguro que os gusta, no os dejéis engañar por su aspecto extraterrestre.

PAN DE CASTAÑAS

Dado que nos encontramos en tiempo de castañas, nos pondremos manos a la obra y prepararemos una rica receta.

No solo se pueden comer las castañas asadas o secas, hay múltiples utilidades, incluso con la harina de castaña. Por ello, hoy haremos un tipo de pan diferente, un pan de castañas un poco peculiar, de dos colores.

 

INGREDIENTES

  • 200 gr de harina de trigo (harina de fuerza)
  • 140 gr de harina de castaña
  • Agua
  • 12 gr de levadura fresca
  • Sal

PREPARACIÓN

La harina de castaña la podemos comprar preparada en varias tiendas, pero si disponemos de tiempo podemos intentar hacerla nosotros. Simplemente tenemos que asar unas cuantas castañas en el horno a máxima potencia. Las dejamos enfriar y las pelamos. Al día siguiente ya estarán suficientemente duras como para meterlas en la picadora y hacer harina de ellas.

Para hacer el pan, en primer lugar haremos una masa blanca, donde mezclaremos los 200 gr de harina de trigo con 6 gr de levadura fresca, una cucharadita (de las del café) de sal, y agua para amasar (empezaremos por echar 150 ml, si nos hace falta más la iremos añadiendo poco a poco, hasta conseguir la consistencia deseada). Dejamos reposar durante 2 horas aproximadamente en un lugar seco y no muy frío. Posteriormente preparamos la otra masa con la harina de las castañas, de igual forma que la anterior, utilizando los 6gr de levadura fresca restante, echaremos otra cucharadita de sal y agua para amasar. Dejar reposar el mismo tiempo que la anterior, también en un lugar seco pero no muy frío.

Nota: si fuese necesario ambas masas se pueden tapar con paños de cocina limpios para evitar que se enfríe excesivamente la parte superficial de la masa y absorba la humedad sobrante.

En un molde, engrasado previamente con aceite de oliva (no en exceso), ponemos una parte de la masa de trigo. Posteriormente añadimos la masa de harina de castaña, y cubrimos con la harina de trigo sobrante.

Volvemos a dejar reposar hasta que poco a poco vaya aumentando su tamaño. Mientras precalentamos el horno.

Introducimos el molde con las masas y mantenemos la temperatura constante a 200ºC o un poco menos (según tipo de horno), durante 40 min. Podemos comprobar pasado este tiempo si ya está hecho. Si no se puede dejar 5 minutos más.

Una vez hecho, lo sacamos del horno, y una vez algo frío, lo desmoldamos y lo colocamos sobre una tabla de madera (no en la encimera), para que vaya terminando de enfriarse poco a poco y sin coger humedad.

Cuando lo cortéis veréis que se trata de un pan muy esponjoso, a dos colores, que acompaña muy bien a los quesos.

Buen provecho!!!

EL ARTE DE HACER VINO

file4481344391774Continuando con el post de la semana pasada “Es Tiempo de Vendimia”, veremos cuáles son las pautas principales para realizar vino tinto de forma sencilla y artesanal en nuestras pequeñas bodegas.

Anteriormente vimos cuáles eran los principios básicos de la vendimia, cómo debíamos cuidar la uva tanto al recogerla como al transportarla hasta la bodega. ¡Ya la tenemos en bodega! ¿Y ahora qué?

Lo definiremos de forma esquemática para una mayor simplicidad.

  1. Despalillado y estrujado: se trata de quitar cada grano de uva del raspón. Se puede hacer de forma manual o bien de forma mecánica mediante una despalilladora. Una vez realizado este proceso, procedemos a realizar una de las actividades más características: el pisado la uva. Simplemente, lo que se realiza es una acción de estrujado para que vaya saliendo el jugo de las uvas.
  2. Una vez estrujado todo, lo introduciremos en la cuba, añadiendo en torno a 50 mg/l de anhídrido sulfuroso para una mejor fermentación y conservación posterior del vino.
  3. En cuanto empieza a fermentar debemos remover lentamente, hundiendo la capa sólida que se forma en la parte superior, denominada sombrero. De esta forma se extraen todos los compuestos presentes en la piel de los granos de uva.
  4. La fermentación durará en función de la cantidad. Generalmente el rango se sitúa entre 1 o 4 semanas.
  5. Pasado este tiempo, dejamos reposar el vino con los hollejos una semana más y sacamos el líquido resultante: el vino. Los hollejos los sacamos de la cuba y los prensamos para un mayor aprovechamiento.
  6. El vino lo pasamos (trasiego) a un depósito que evite el contacto con el aire.
  7. Iremos haciendo más trasiegos para limpiar el vino de las posibles lías, al mismo tiempo que realiza la fermentación maloláctica (transformación del ácido málico en ácido láctico). Es recomendable realizar el trasiego en la fase lunar del cuarto menguante de cada mes.
  8. En febrero o marzo, si todo siguió su curso natural, podremos embotellar nuestro vino.

El proceso es bastante sencillo, simplemente es seguir algunas pautas y respetar unos límites.

Un brindis por un vino bien hecho!

ES TIEMPO DE VENDIMIA

Por fin llefile7471252954653gó septiembre y con él un nuevo cambio de estación, que conlleva nuevas actividades en el campo, concretamente en los viñedos.

El verano además de ser la época vacacional por excelencia, también representa un período de transición desde el fin de las actividades propias de la viticultura (tratamientos fitosanitarios, aclareo, manejo del suelo…), y el comienzo de la vendimia; un año de cuidados esmerados, que incluso con la ayuda de rosales plantados en la propia viña, hemos evitado que plagas y enfermedades nos estropearan la cosecha. Si, si, habéis leído bien, rosales. Es una técnica muy utilizada para prevenir enfermedades en los viñedos. Su funcionamiento es simple, el rosal suele ser atacado en primer lugar por los hongos, antes de que penetre en la viña, por tanto si tenemos controlados los rosales, podremos prevenir un posible ataque.

Durante el periodo estival las viñas lucen en su máximo esplendor, llenas de diversos colores: granate, verde, amarillo… Pero aunque veamos ya racimos aparentemente maduros, debemos esperar al punto óptimo, para obtener un vino de la mejor calidad. Anticipar la vendimia puede suponer un grave error, y puede verse afectada la producción de vino de todo un año.

Debemos esperar al final del denominado envero, proceso en el cual, la uva pasa de verde, al color propio de cada variedad, ya que empiezan a acumular los tan famosos polifenoles. Este proceso dura 15 días aproximadamente, posteriormente debemos esperar dos meses y podremos iniciar la vendimia.

Pero ¿Cuál es la respuesta a la eterna pregunta? ¿Cuándo empezar la vendimia? La respuesta no es sencilla, básicamente porque depende mucho del tipo de vino que queremos conseguir y qué características organolépticas queremos que tenga. Lo importante es encontrar el punto óptimo de madurez de la viña en general.

Una vez iniciada, no hay vuelta atrás.

De forma teórica, para determinar la fecha de vendimia, no solo deberíamos fijarnos en el criterio de maduración, existen una serie de factores externos que hacen variar la fecha de vendimia.

  1. Factor climatológico. Las lluvias pueden impedir la realización de la vendimia.
  2. Disponibilidad de mano de obra
  3. Factor psicológico. Se genera cierta ansiedad cuando las bodegas más cercanas inician la vendimia. Cada viña es diferente, no se debe “caer en la tentación” de iniciar la vendimia cuando se sabe que aún no alcanzó el punto óptimo de maduración.

Generalmente la experiencia de años anteriores es la que marca el inicio de la actividad, pero es necesario establecer una serie de parámetros según sea el destino de la uva. Tenemos:

  • Índices externos: se basan en el análisis organoléptico de la uva.
  • Índices físicos de maduración: color del grano, peso del acio, firmeza del hollejo, posible rendimiento…
  • Índices químicos de maduración: concentración de azúcar, acidez total…

Todos los factores son sumamente importantes para determinar el inicio de la vendimia; pero poco importa acertar con la fecha si posteriormente el manipulado de la uva hasta la bodega no se realiza correctamente.

Los racimos deben llegar lo más intactos posible a la bodega. Si llegasen a romperse, provocaría una pérdida de mosto, se puede favorecer el inicio de una fermentación alcohólica indeseable y oxidaciones de dichos mostos, haciendo que adquieran un color más pardo.

¿Cómo podemos evitar estas situaciones?

  • Evitar el traspaso entre recipientes del racimo
  • Usar cajas perforadas con una capacidad máxima de 25Kg, para evitar aplastamiento y acumulación de mosto en el fondo.
  • Las cajas deben ser preferiblemente de plástico, o también de madera, caucho etc. evitar la presencia de cobre y hierro, ya que puede provocar alteraciones en el mosto.
  • Evitar introducir tierra, hojas, insectos u otro tipo de impurezas para evitar que se reduzca la calidad de la uva.
  • Intentar que el periodo de tiempo que transcurre desde que se corta el racimo, hasta que llega a la bodega, sea el más corto posible.

En definitiva, tenemos que cuidar la cosecha con el mayor mimo posible, para obtener un vino de calidad.

Una vez tenemos la uva en bodega, empezaremos todo el proceso de vinificación, pero eso será tema de próximas entradas.

Feliz vendimia a todos.

TRUCOS PARA MANTENER LA CASA LIMPIA DE FORMA ECOLÓGICA

La limpieza de la casa00 es una dura tarea que forma parte de nuestro día a día. Pero, ¿Cómo la llevamos a cabo?

Cada vez son más los productos químicos existentes en el mercado, que nos garantizan una limpieza sin rastro de suciedad, gérmenes… Casi, casi, milagrosos, como si limpiaran solos. Pero, ¿a costa de qué? Pues a costa de nuestra salud y de nuestro bolsillo. Casi todos los productos que se utilizan en la limpieza doméstica son tóxicos y con gran poder contaminante; pueden afectar negativamente a nuestro sistema nervioso, provocar alergias, cánceres, problemas respiratorios, etc. Además existe uno para cada lugar de la casa, e incluso, para cada tipo de mueble, acumulando productos y más productos en nuestro armario: quitamanchas, lejías, ambientadores, disolventes, lavavajillas, limpiahornos, desatascadores, limpia cristales…

Entonces ¿Por qué no dejamos de usar todos esos productos químicos?, ¿Y si fuera posible limpiar casi toda la casa con 3 simples elementos fáciles de encontrar en cualquier hogar?

Antiguamente no había tantos productos milagrosos en el mercado. Existen multitud de trucos heredados de nuestras abuelas, que nos permiten limpiar la casa de forma eficaz y saludable. ¿Quién no limpió alguna vez los cristales con agua con vinagre y con papel de periódico?

Simplemente con vinagre blanco, bicarbonato de sodio y limón podemos limpiar la mayoría de las superficies de la casa, sin perjudicar nuestra salud ni nuestro ambiente. Veamos brevemente sus características y para qué los podemos utilizar:

  • El bicarbonato de sodio, es un polvo fino blanco, muy usado para aliviar las digestiones ácidas, para lavar y blanquear los dientes o también, para repostería, para hacer que suban las masas. Nosotros lo usaremos para quitar principalmente manchas de diversas superficies, excepto en aluminio, ya que lo decolorará.
  • El vinagre blanco, también llamado vinagre de alcohol, limpia desinfecta, desodoriza, quita la grasa, ayuda a quitar manchas,… Eso sí, no se puede usar sobre mármol, si se hierve hace que nos pique la nariz y hay que tener mucho cuidado cuando se mezcla con el bicarbonato de sodio.
  • Y por último, y quizás en más conocido y utilizado, el limón. Es un buen desodorizante, es un buen abrillantador de metales como el bronce o el cobre, desengrasante y puede llegar a actuar como lejía.

Con estos tres productos podemos conseguir una limpieza duradera y eficaz en toda la casa. Veamos unos ejemplos de cómo podemos utilizarlos por separado, o en conjunto:

  1. Podemos realizar un limpiador que lo podamos usar un poco para todo, un multiusos. Por un lado echamos 2 cucharadas de bicarbonato en 2 litros de agua caliente, y se mezcla bien. Por otro lado, en otro recipiente, se ponen dos cucharadas de vinagre con un par de cucharadas de aceite esencial (nos dejara un buen olor a toda la casa). Se mezcla posteriormente todo en un solo recipiente, y ¡ya tenemos nuestro limpiador multiusos! Se puede utilizar para limpiar el suelo, para la encimera, la nevera, azulejos…
  2. Para limpiar el inodoro podemos usar un vaporizador donde mezclaremos vinagre, agua caliente y unas gotas de aceites esenciales. ¡Ya tenemos nuestro producto para el inodoro!

¿Qué pasa si hay manchas en el fondo? Simplemente echamos bicarbonato y cepillamos bien. Si son muy resistentes, usamos bicarbonato y sal a partes iguales, un vaso de vinagre y agua caliente. Cepillamos, dejamos que haga efecto y volvemos cepillar.

  1. ¿A quién no se le quemó alguna vez una cazuela por despiste? Suele ser difícil eliminar todo el quemado. Siempre hay que echar mano del estropajo, lo que acaba estropeando la cazuela. Esto tiene solución: justo después de que se haya quemado echar un poco de vinagre con sal y dejar a reposo unos minutos. Otra opción es hervir durante unos 10 minutos agua con bicarbonato (que la cazuela no sea de aluminio) o vinagre.

¡Y así seguiríamos! Existen multitud de trucos, algunos más eficaces que otros, pero todos con un objetivo común: hacer de la limpieza del hogar, una tarea más ecológica.

Si os ha gustado y queréis aprender más trucos, os recomiendo que echéis un vistazo a curso “Productos de limpieza ecológicos” de Califica Formación. Resulta muy interesante y puede ayudar a mejorar vuestra calidad de vida, y sobre todo, os quitará muchos productos de limpieza de la cesta de la compra.

Animaros!

UNA CONFITURA DIFERENTE

Pimientos

 

 

¡Quién dijo que las confituras solo se podían realizar con frutas!

Continuando con la entrada en el blog de la semana pasada ¡Lo tenemos en el bote!, hoy veremos cómo hacer una conserva muy original y sencilla que dará gusto a nuestros platos del día a día: Confitura del pimientos.

 

INGREDIENTES

  • 3 pimientos verdes
  • 3 pimientos rojos
  • 3 pimientos amarillos
  • 1 cebolla
  • 3 dientes de ajo
  • 10 hojas de cardamomo
  • 3 cucharadas de vinagre de vino blanco
  • 3 cucharadas de azúcar moreno
  • 1 cucharada de tabasco
  • 4 cucharadas de aceite de oliva virgen
  • Pimienta negra
  • Sal

PREPARACIÓN

En primer lugar debemos pelar los pimientos, para evitar que la piel de un sabor y una textura desagradable a nuestra conserva; para ello untamos los pimientos con aceite y los asamos en el horno a 220°C durante 30 o 40 minutos (según sean los pimientos). Aunque en el listado de ingredientes aparecen tres tipos de pimientos, también se puede hacer con dos, o incluso con un tipo solo de pimiento.

Pasado el tiempo los retiramos del horno, los pelamos y cortamos en tiras y reservamos en un recipiente.

Por otro lado se pelan y cortan en rodajas finas la cebolla y los ajos (un poco machacados), además de picar finamente el cardamomo. Por un lado se fríe la cebolla hasta que esté tierna. Se retira del fuego y se añade a los pimientos anteriormente reservados.

Para realizar la base de la confitura, se diluye el azúcar en el vinagre; se agrega el ajo, el cardamomo, el tabasco y la pimienta y sazonamos con sal; se mezcla bien y se añade a los pimientos. Lo mejor es dejar reposar durante un par de horas la mezcla.

La mezcla anterior se introduce en frascos de cristal, se tapa herméticamente y se esteriliza a baño maría durante 30 o 40 minutos (según tamaño del bote).

¿Qué podemos hacer con esta confitura? Quedará ideal para acompañar tanto a pescados como a verduras.

¡Buen provecho! Espero que sea de vuestro gusto.

Nota: Las conservas es todo experimentar, simplemente hay que mantener unas normas de higiene y conocer perfectamente los métodos de conservación, para evitar riesgos para nuestra salud.

LO TENEMOS EN EL BOTE

IMG_2517Llega el verano y con él multitud de verduras de temporada: tomates, judías, pimientos, guisantes, calabacín, pepinillos, etc. ¡Y además a buen precio! Pero pasada esta época, volvemos a nuestra tienda habitual, y si queremos unos simples tomates para un sofrito, nos los encontramos de más baja calidad y a un precio demasiado elevado. Esto lo podemos solucionar si, con un poquito de tiempo y paciencia, hacemos conservas caseras con las verduras de temporada, llenando nuestra despensa de productos de calidad y de forma más económica.

Si disponemos de un huerto, mejor aún. Parte de nuestra producción, que fuimos cuidando con mimo, podemos conservarla, en su mayoría, durante un año.

Pero la pregunta clave es: ¿Cómo se hacen las conservas?

Esta pregunta es tan simple como complicada, ya que va a depender del sistema de conservación que elijamos y de los productos a conservar. Cada fruta o verdura tiene su método de conservación, aunque muchos los comparten, hay que tener sumo cuidado a la hora de embotar, ya que podemos poner en peligro nuestra salud si no se siguen las pautas correctamente.

A continuación os explicaré cuales son los criterios básicos a seguir:

  1. Elegir, seleccionar y preparar los productos a embotar. Este primer paso es esencial; debemos escoger la mejor fruta o verdura para que no existan problemas en su conservación posterior. Tienen que estar bien maduras y no tener hongos ni otras enfermedades o plagas.

Lavaremos todo concienzudamente con agua (evitaremos los acúmulos de tierra ya que pueden ser un foco de proliferación de parásitos).

Según el tipo de producto haremos una primera fase de preparación de los productos:

  • Pimientos: se pueden asar o freír, incluso escaldar para poder pelarlos con facilidad.
  • Tomates: se escaldan y se meten en un bol con hielo para facilitar su pelado.
  • Pepinillos: se frotan con un trapo de forma enérgica para eliminar las posible papilas más o menos agudas (unas espinitas simples o compuestas que posee en la superficie).
  • Etc.

En ocasiones habrá que cortar en trozos, lo más parecidos entre sí, para posteriormente introducirlos en el bote de forma ordenada evitando posibles bolsas de aire que puedan estropear nuestra conserva.

Una vez embotado todo, se acabarán de llenar con el denominado líquido de gobierno. Para los encurtidos suele ser una mezcla de agua y vinagre, o para los tomates al natural, simplemente von su propio jugo. Si lo que pretendemos es hacer una conserva dulce, se puede realizar una solución almibarada que actúa como conservante, ya que crea un medio anaeróbico (sin oxígeno) que impide el desarrollo de bacterias.

Otras conservas necesitan de una maceración previa, como por ejemplo los pimientos en vinagre (hay que dejarlos durante unos días sumergidos en aceite y vinagre y luego embotarlo con ese mismo líquido).

  1. Preparar los tarros. De poco importa tener una buena materia prima, si no prestamos atención a los botes. Deben estar perfectamente limpios, tanto el tarro como la tapa, y que cierren de forma hermética (que no se pasen de rosca). Para asegurarnos de que están en condiciones higiénicas adecuadas, lo ideal es esterilizarlos con agua hirviendo.

Una vez limpios y secos podemos llenarlos con nuestras frutas y verduras; eso sí, ¡Llenarlos lo que podáis para que no quede mucho aire dentro!

  1. Esterilizar las conservas. Para este paso lo mejor es optar por una olla a presión, pero no suelen ser muy grandes, por lo que nos llevará más tiempo realizar el proceso. Sea en una a presión o en una olla normal, introduciremos los botes hasta que queden totalmente sumergidos en el agua. Lo ideal es colocar trapos o utensilios de madera entre los botes para que al chocar entre ellos (por la ebullición del agua) no se rompan. También es aconsejable colocar una rejilla en el fondo de la olla, tanto de acero como de madera (como la de cocción a vapor) para evitar los golpes.
  2. ¡A la despensa! Una vez acabado el proceso de esterilización (de 30 a 50 min) esperamos a que temple un poco el agua (para no quemarnos), y sacamos los botes. Vamos mirando, uno a uno, si la tapa está bien cerrada y los dejaremos boca abajo encima de una superficie lisa y no muy fría, es decir, ¡directamente en la encimera no!, mejor sobre una tabla de madera.

Una vez fríos, los etiquetamos (fecha, contenido,…) y ¡A la despensa!

Espero que estos consejos os sean útiles para hacer vuestras propias conservas. Poco a poco iréis mejorando y descubriendo nuevas formas de conservar vuestros alimentos, y así siempre tener a mano todo lo que necesitéis, es decir, vuestra propia tienda en casa.

Si os interesa este tema, en nuestra tienda disponemos de un curso online de lo más apropiado: “Prepara tus conservas ecológicas“.

MI HUERTO EN EL BALCÓN

Indoor_garden La gran mayoría de la población vive en las ciudades rodeada de asfalto, lo que hace que parezca imposible poder imaginar que en cualquier piso de cualquier ciudad se pueda instalar un pequeño huerto. Terrazas, balcones, alféizar de ventanas, etc. son totalmente aptos para plantar nuestros propios cultivos, solo es necesario contar con un poco de imaginación y, sobre todo, mucha ilusión.

¿Por qué es positivo tener un mini huerto? La respuesta a esta pregunta es muy simple: salud y bienestar. Tener un mini huerto en nuestro piso nos permitirá obtener, por pocos que sean, alimentos sin químicos para consumir en fresco, reciclaremos y reutilizaremos numerosos envases e incluso podemos aprovechar los desperdicios de nuestra cocina.

En definitiva, un mini huerto en casa nos permite, no solo un beneficio económico, sino también un beneficio para nuestra salud.

Ahora bien, son muchas las preguntas que nos podemos hacer a la hora de querer iniciar nuestra aventura hortícola: ¿Qué es lo que puedo plantar?, ¿Dónde?, ¿En qué planto?, ¿Cuántas horas de luz necesito?, ¿Necesito abonar?… ¿Demasiadas preguntas? ¡No te preocupes, esto es muy fácil!

Vamos a plantear una serie de puntos a seguir. ¡Verás que sencillo!

  1. Podemos plantar en: alféizares exteriores de ventanas, patios, azoteas, entradas de escaleras, balcones,…
  2. ¡No es necesario comprar recipientes! Podemos utilizar botellas de plástico, latas, garrafas de agua, cajas de fruta, recipientes de porexpan, pallets, etc. Y sino también tenemos la posibilidad de comprar macetas prefabricadas y mesas de cultivo.
  3. ¿Qué puedo plantar? De todo. Simplemente hay que tener en cuenta la profundidad de enraizamiento y la altura que puede alcanzar la planta.
  4. Básico es contar con abono. ¡Seguimos reciclando! Podemos, siempre y cuando tengamos espacio, disponer de un compostador de tamaño reducido, donde realizaremos nuestro propio abono: compost. Para ello utilizaremos todos los restos orgánicos disponibles en casa, aunque con excepciones. Pero, ¿Cuánto abono? Pues dependerá de lo exigentes que sean las plantas que cultivemos. Por ejemplo la acelga, el pepino y el tomate son muy exigentes; menos exigentes son la berenjena, la cebolla y la lechuga; y muy poco exigentes, la escarola, el haba y el guisante.
  5. ¿Siembro todo directamente? Depende. Existen cultivos que primeramente hay que realizar un semillero y luego trasplantarlas y otras se siembran directamente. Por ejemplo, que sean de siembra directa: ajos, judías, zanahorias; y que haya que hacer un semillero para después trasplantar: acelgas, berenjenas y calabazas.

Parecerá muy difícil, demasiadas cosas que recordar, pero no es así. Poco a poco y con ilusión todo se consigue.

¡Ánimo y empezad vuestro propio huerto en macetas y mesas de cultivo!